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Barranquilla

La omisión también es delito: la deuda moral y jurídica del secretario de Gestión Social con las víctimas de Barranquilla

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En Barranquilla, donde los discursos oficiales hablan de progreso y eficiencia social, una realidad dolorosa se abre paso entre los despachos de la administración: la inoperancia institucional y la negligencia en el manejo del presupuesto destinado a las víctimas del conflicto armado. Lo que debía ser asistencia, se convirtió en abandono; y lo que la ley consagró como un derecho, hoy parece tratado como una dádiva opcional.

El caso de los hoteles Colonial Inn y Granada, que durante meses alojaron víctimas remitidas por la Secretaría de Gestión Social del Distrito, es apenas la punta del iceberg. Prestaron alojamiento, alimentación y acompañamiento humano a decenas de familias desplazadas por la violencia, confiando en que el Estado cumpliría su palabra. No lo hizo. Hoy esperan el pago de $73.625.000, (sin meter intereses moratorios) mientras la administración distrital responde con tecnicismos: “no existe contrato”, “el operador es el responsable”.
Una fórmula burocrática que intenta disfrazar la omisión de deberes constitucionales.

El dinero de las víctimas no es del funcionario, es del pueblo

Los recursos destinados a la asistencia humanitaria inmediata provienen del presupuesto de víctimas, aprobado por el Concejo Distrital de Barranquilla dentro del Plan de Acción Territorial (PAT) y el Plan de Desarrollo del Distrito. Dichos fondos, según la Ley 1448 de 2011 y la reciente Ley 2421 de 2024, están protegidos por mandato legal para garantizar alojamiento, alimentación y condiciones dignas a las personas víctimas del conflicto armado.

Sin embargo, en el Distrito de Barranquilla hay actualmente más de 200 personas víctimas de los años 2023, 2024 y 2025 que no han recibido la asistencia humanitaria inmediata a la que tienen derecho. La pregunta es obligada:
¿quién maneja estos recursos y bajo qué criterio se decide no entregarlos?

La Secretaría de Gestión Social, a cargo del funcionario Ismael Marín Daza, administra gran parte de ese presupuesto. Pero los hechos demuestran una cadena de omisiones, demoras y presuntas irregularidades que han terminado por vulnerar la dignidad humana de las víctimas y poner en entredicho la transparencia del manejo de los dineros públicos.

Violación directa a la Constitución y a la Ley de Víctimas

El artículo 1° de la Constitución Política de Colombia establece que el respeto a la dignidad humana es el fundamento del Estado Social de Derecho.
La Ley 1448 de 2011, en su artículo 47, ordena que la atención humanitaria inmediata debe brindarse de manera oportuna, sin discriminación y con prioridad para quienes están en situación de vulnerabilidad extrema.

La Corte Constitucional, en el Auto 331 de 2019, de seguimiento a la Sentencia T-025 de 2004, fue contundente:

“No pueden existir retrocesos en la política pública de atención a víctimas. Los entes territoriales son responsables de garantizar la continuidad y calidad de los programas de asistencia.”

Al incumplir esta obligación, la administración distrital incurre en lo que la misma Corte califica como un retroceso inadmisible en materia de derechos fundamentales. El Distrito de Barranquilla, con su negligencia, viola flagrantemente la Constitución y la Ley de Víctimas, afectando la dignidad de quienes ya fueron golpeados por la violencia.

Presupuesto con destino torcido

El presupuesto para las víctimas no es discrecional. Cada año se aprueba con objetivos específicos y debe ser ejecutado bajo los principios de legalidad, eficiencia y transparencia.
Sin embargo, en Barranquilla ese presupuesto parece diluirse entre secretarías, burocracia y silencio institucional.

Fuentes cercanas al Comité de Seguimiento de Víctimas del Distrito confirman que las secretarías de Gobierno, Deporte y Gestión Social manejan recursos con destino a la población víctima, pero sin coordinación real, sin control social y sin rendición pública de cuentas.
En la práctica, los dineros de la reparación y asistencia terminan desviándose hacia programas de impacto mediático, dejando sin atención directa a quienes más lo necesitan.

Esto, en términos jurídicos, podría configurarse como una afectación grave al principio de destinación específica de recursos públicos y una violación de derechos humanos.
Más aún, al tratarse de dineros provenientes del presupuesto nacional para víctimas, su uso indebido o retención injustificada puede implicar responsabilidad penal y disciplinaria para los funcionarios encargados.

La omisión como una forma de violencia

Negar el pago a quienes prestaron los servicios de alojamiento y atención a víctimas —como los hoteles Colonial Inn y Granada—, o demorar indefinidamente la entrega de asistencia humanitaria a más de 200 personas, no es un acto administrativo inofensivo: es una forma de violencia institucional.
Una violencia más sutil, pero igual de destructiva que la ejercida por los grupos armados, porque ataca la esperanza y la dignidad de quienes confiaron en el Estado.

La Corte Constitucional ha advertido en múltiples pronunciamientos que la inacción administrativa en materia de víctimas revictimiza y agrava la exclusión social.
Y eso es precisamente lo que ocurre en Barranquilla: una gestión social que, en lugar de reparar, posterga; que, en lugar de cumplir, promete; y que, en lugar de atender, administra el dolor con cálculo político.

Más perversos que los victimarios

Resulta paradójico que un gobierno que se presenta como ejemplo de gestión social termine reproduciendo el mismo patrón de despojo que las víctimas intentan superar.
Negar la asistencia humanitaria, omitir pagos a prestadores y desviar recursos destinados a la reparación es, en términos éticos y sociales, más perverso que cualquier desplazamiento armado, porque se comete desde el poder, con conocimiento y bajo el amparo de la ley.

Las víctimas del conflicto en Barranquilla hoy son víctimas por partida doble: primero del abandono de la guerra, y ahora del abandono institucional de una administración que les niega los derechos reconocidos por la Constitución.

Conclusión: la deuda del Estado con su propia palabra

El Distrito de Barranquilla y su Secretaría de Gestión Social tienen una deuda que va más allá de los $73 millones impagos a los hoteles.
Tienen una deuda moral y jurídica con las víctimas, con la justicia y con la verdad.
Los recursos de asistencia humanitaria no son del funcionario de turno, son de las víctimas; y su uso indebido o su retención es una forma moderna de despojo institucional.

El Auto 331 de 2019 lo dice con claridad: no pueden existir retrocesos en la política pública de atención a víctimas.
Hoy, Barranquilla encarna ese retroceso.
Y mientras la burocracia se escuda en los tecnicismos, las víctimas siguen esperando un auxilio que la ley ya les concedió, pero que la ineficiencia y la corrupción les arrebatan.

El silencio institucional, la dilación y la falta de rendición de cuentas hacen que el discurso de reparación se desvanezca. ¿Que pronunciamiento tiene la mesa distrital de victimas con este y otros casos?
En esta ciudad que presume de eficiencia, la Secretaría de Gestión Social parece haberse convertido en el mayor obstáculo para la justicia y la dignidad de las víctimas.

Y esa omisión, revestida de legalidad, es la forma más cruel de impunidad.

Soy periodista independiente y miembro activo de la Asociación de Periodistas Independientes de Colombia (APIC). Trabajo con formatos escritos y audiovisuales, aportando investigación rigurosa y un enfoque humano que prioriza las voces locales. Mis reportajes y crónicas integran un toque narrativo potente: uso la narrativa para dar contexto y profundidad, transformando datos en historias que conectan con el lector. Disponible para colaboraciones, investigación y proyectos editoriales.

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Barranquilla

CONPES 4180: la apuesta del Estado para que las víctimas del desplazamiento reconstruyan su vida

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En Colombia, millones de personas han tenido que abandonar sus hogares por causa del conflicto armado. Durante años, muchas de estas familias han sobrevivido gracias a ayudas humanitarias temporales, pero sin lograr una verdadera estabilidad. Con ese panorama, el Gobierno Nacional adoptó el CONPES 4180, una política que busca dar respuestas permanentes a esta problemática histórica.

El documento fue aprobado por el Consejo Nacional de Política Económica y Social y coordinado por el Departamento Nacional de Planeación, con el objetivo de crear una hoja de ruta que permita a las víctimas del desplazamiento superar la vulnerabilidad y reconstruir su proyecto de vida.

Una política para pasar de la ayuda a la estabilidad

Durante años, la atención a la población desplazada se ha centrado principalmente en ayudas de emergencia. El nuevo CONPES propone un cambio de enfoque: pasar de la asistencia temporal a soluciones duraderas que garanticen condiciones de vida dignas.

Esto significa que el Estado buscará que las víctimas no solo reciban apoyo momentáneo, sino que puedan acceder a oportunidades reales para mejorar su situación económica y social.

Entre los aspectos que se pretenden fortalecer están:

* acceso a vivienda digna
* oportunidades de empleo y emprendimiento
* proyectos productivos
* acceso a educación y salud
* fortalecimiento del tejido social en las comunidades.

La implementación de esta política se realizará en articulación con varias entidades del Estado, entre ellas la Unidad para las Víctimas, encargada de liderar gran parte de la atención a esta población.

¿A quién beneficia esta política?

El CONPES está dirigido principalmente a las víctimas del desplazamiento forzado registradas en el Registro Único de Víctimas, una población que en Colombia supera los 8 millones de personas.

La política busca que, con el paso de los años, una gran parte de estas familias logre superar la pobreza y reconstruir sus proyectos de vida en condiciones de estabilidad.

Tres caminos para reconstruir la vida

El documento plantea tres alternativas para que las víctimas puedan alcanzar lo que se denomina “soluciones duraderas”:

Retorno: cuando las familias deciden regresar a su territorio de origen en condiciones seguras.

Reubicación: cuando se establecen definitivamente en un nuevo territorio distinto al lugar del que fueron desplazadas.

Integración local: cuando las víctimas logran integrarse de manera estable en la ciudad o comunidad donde se asentaron después del desplazamiento.

La idea es que cada familia pueda encontrar la opción que mejor se adapte a su realidad.

Inversión y ejecución

La política contempla una inversión de más de 10 billones de pesos que se ejecutará durante varios años, con la participación de diferentes entidades nacionales y gobiernos territoriales.

Además, se priorizarán municipios con alta presencia de población desplazada, donde se concentrarán los programas sociales, proyectos productivos y estrategias de desarrollo comunitario.

El reto: que la política se convierta en realidad

Aunque el CONPES 4180 representa una hoja de ruta importante, el verdadero desafío será su implementación. Expertos coinciden en que el éxito dependerá de la capacidad del Estado para coordinar instituciones, garantizar recursos y hacer seguimiento a los resultados.

Para millones de colombianos que han sufrido el desplazamiento forzado, esta política podría convertirse en una oportunidad para dejar atrás años de incertidumbre y construir un futuro con mayor estabilidad.

El tiempo dirá si esta apuesta del Estado logra traducirse en cambios reales para las comunidades que más han sufrido las consecuencias del conflicto.

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Barranquilla

Asamblea del Atlántico fortalece seguimiento a programas sociales del departamento

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Como parte de su agenda institucional, la Asamblea del Atlántico continúa avanzando en el análisis y seguimiento a la ejecución de los programas sociales del departamento, con énfasis en su alcance, cobertura e impacto en las comunidades, especialmente en poblaciones vulnerables.

Durante la sesión ordinaria de este miércoles, la diputada María Eugenia Rodríguez presentó una proposición para convocar a la gerente de Capital Social, Karina Llanos Torres, con el propósito de conocer un informe detallado sobre la ejecución presupuestal, los resultados y el impacto de los programas y proyectos sociales que se adelantan en el Atlántico.

La iniciativa busca ampliar la información sobre la implementación de estas acciones en sectores como niñez, juventud, adulto mayor, personas con discapacidad, familia y seguridad alimentaria, así como su desarrollo en los distintos municipios, permitiendo evaluar su efectividad frente a las necesidades reales de la población.

El diputado Alfredo Varela De La Rosa respaldó la proposición, destacando la importancia de revisar el funcionamiento de estos programas y su capacidad de respuesta en los territorios, especialmente en aquellos con mayores desafíos sociales.

Este ejercicio se enmarca en la agenda que viene liderando la corporación, bajo la orientación del presidente Estéfano González Díaz Granados, enfocada en fortalecer el seguimiento a la inversión social y en promover escenarios de análisis que contribuyan a una gestión pública más eficiente, cercana y alineada con las necesidades de la gente.

En esa línea, la Asamblea ha venido consolidando espacios de revisión que permiten no solo conocer el estado de ejecución de los programas, sino también identificar oportunidades de mejora en su implementación y en el uso de los recursos públicos.

La corporación continuará impulsando este tipo de ejercicios institucionales, orientados a fortalecer la transparencia, la rendición de cuentas y el impacto de las políticas sociales en beneficio de los atlanticenses.

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Barranquilla

Barranquilla vibró con la Feria Popular “Economías para la Vida”: impulso real a las unidades productivas

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En el corazón del Centro Histórico de Barranquilla, el emblemático Cubo de Cristal fue escenario de una jornada que combinó tradición, emprendimiento y desarrollo social con la realización de la Feria Popular “Economías para la Vida: oficios, vida y carnaval”.

Desde tempranas horas, emprendedores y visitantes se dieron cita en la Plaza de La Paz para disfrutar de una variada oferta que incluyó gastronomía tradicional, ropa y accesorios, artesanías, bebidas ancestrales y mercado campesino. Más que una vitrina comercial, el evento se consolidó como un espacio de fortalecimiento para las unidades productivas que hoy representan el corazón de la economía popular.

La feria destacó por su excelente organización, logística y acompañamiento institucional, evidenciando el compromiso del llamado Gobierno del Cambio, liderado por el presidente Gustavo Petro, en la promoción de iniciativas que dignifican el trabajo independiente y potencian el desarrollo económico desde las bases sociales.

Este tipo de espacios permiten que pequeños productores, artesanos y emprendedores no solo comercialicen sus productos, sino que también fortalezcan redes, accedan a nuevas oportunidades y visibilicen sus procesos productivos ante la ciudadanía.

La estrategia “Economías para la Vida” se enmarca en una apuesta nacional por dinamizar la economía popular, reconociendo el valor de los oficios tradicionales, el emprendimiento comunitario y el mercado campesino como pilares fundamentales para la transformación social y económica del país.

Barranquilla respondió con entusiasmo. Familias completas recorrieron los stands, apoyaron el talento local y disfrutaron de una jornada que demostró que cuando el Estado articula esfuerzos con las comunidades, los resultados se traducen en oportunidades reales.

La feria se extendió hasta las 6:00 p.m., dejando un balance positivo tanto para los expositores como para los organizadores, y reafirmando que las unidades productivas son una pieza clave en la construcción de una economía más justa, incluyente y sostenible.

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