Opinión
Barranquilla, 213 años: El amargo regalo de la extorsión en el aniversario de Barranquilla (I)
En Barranquilla, el crimen ya no solo amenaza: organiza, cobra y gobierna. Panfletos, extorsión y control territorial revelan una estructura que opera como empresa paralela al Estado. Mientras comerciantes pagan por “existir”, la ciudad enfrenta una economía del miedo que redefine quién manda en las calles.
La hoja llegó como llegan muchas amenazas en la ciudad: impresa, anónima, con nombres propios, cargos internos y una lista de personas convertidas en blanco. Pero el detalle más inquietante no es solo el tono, sino la lógica que revela. El panfleto no improvisa; organiza, clasifica y ordena. En Barranquilla y su área metropolitana, ese lenguaje coincide con un escenario que la Defensoría del Pueblo mantiene bajo alerta estructural para Barranquilla, Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Soledad, por la presencia y accionar de grupos como las AGC, Los Costeños, Los Pepes y otras redes criminales. A la vez, la Policía Metropolitana reportó 892 denuncias de extorsión en Barranquilla en 2025 y 430 capturas del GAULA vinculadas a ese delito, una cifra que muestra que el problema no es episódico sino persistente. (alertastempranas.defensoria.gov.co)

El panfleto como arma: terror y control comunicacional
La mejor manera de entender ese panfleto es dejar de leerlo como simple amenaza y leerlo como un documento de administración territorial. En los papeles filtrados de la Fiscalía que revisó Vorágine, Los Costeños no aparecen como una pandilla desordenada, sino como una estructura con operadores, jefes, reparto de ingresos y funciones especializadas: en 2021, según esos informes, recogían cerca de 50 millones de pesos semanales por extorsiones en barrios como Barlovento y Barrio Abajo, además del mercado de Barranquilla y Soledad; de ese dinero, 20 millones iban para Digno Palomino y el resto para la organización. El mismo material describe su paso de “operadores locales” del Clan del Golfo a una estructura autónoma con capacidad de exportar cocaína y mantener una nómina criminal: un joven de 21 años relató que le daban el arma, la moto y un sueldo de 450 mil pesos mensuales. Esa mezcla de jerarquía, salario, caja y control territorial es la gramática básica de una empresa, solo que armada y clandestina. (Voragine)
El panfleto es más que un mensaje: es una herramienta de poder.
Su lenguaje suele incluir:
- Listas de nombres
- Señalamientos directos
- Declaraciones de “objetivo militar”
- Advertencias colectivas
Según análisis de la Fundación Paz y Reconciliación PARES, estos mecanismos cumplen varias funciones:
📌 1. Control interno
Definen jerarquías y roles dentro de la organización.
📌 2. Control externo
Intimidan a la población y disuaden comportamientos.
📌 3. Posicionamiento territorial
Marcan presencia y autoridad.
📌 4. Guerra psicológica
Generan miedo sin necesidad de acción inmediata.
El impacto es profundo.
Estudios sobre violencia en contextos urbanos, incluyendo análisis del DANE, han mostrado cómo la percepción de inseguridad puede ser tan determinante como la violencia real en la vida cotidiana.
En comunidades donde circulan estos panfletos:
- Se reducen actividades nocturnas
- Comerciantes cambian rutinas
- Jóvenes limitan movilidad
- Se instala el silencio
El miedo se convierte en norma, y en ese silencio, el control se consolida.
Economías capturadas: la infiltración silenciosa

Esa lógica empresarial no solo se ve hacia adentro; también se proyecta sobre la economía cotidiana. El comercio popular es uno de los primeros blancos. Ya en 2021, Caracol reportó un panfleto que circulaba por el centro y el mercado de Barranquilla, dirigido contra pequeños comerciantes y capaz de paralizar negocios por miedo a represalias contra propietarios, trabajadores y clientes. En 2022, la emisora volvió a documentar panfletos en más de ocho barrios de Barranquilla y su área metropolitana, con una amenaza explícita que imponía una ventana de dos horas para responder y declaraba “objetivo militar” a quienes no accedieran. En 2026, El Tiempo informó sobre una red de extorsión en Barranquilla, Soledad, Malambo y municipios aledaños que operaba con cobros disfrazados de “seguridad”, videollamadas, panfletos y amenazas, y que podía mover entre 200 y 250 millones de pesos mensuales. El patrón es claro: donde el negocio legal es frágil, la renta criminal se presenta como impuesto, vigilancia o permiso para existir. (Caracol Radio)
El terreno donde eso ocurre no es marginal en términos económicos. DANE registró que en el trimestre abril-junio de 2025 la informalidad en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 41,7 por ciento, y ese grupo incluye a Barranquilla A.M. y a Soledad; además, en marzo-mayo de 2024 el 84,8 por ciento de quienes trabajaban en microempresas en Colombia era informal. Esa combinación importa porque la extorsión se incrusta con más facilidad donde predominan unidades pequeñas, comercio de baja capitalización y empleos sin colchón financiero. En otras palabras: cuando el negocio es pequeño, la amenaza pesa más. No hace falta una gran infraestructura para controlar una cuadra, un local o una ruta de cobro; basta con imponer el costo de seguir abierto. (dane.gov.co)
Cuando el Estado se ausenta, el control criminal se vuelve efectivo
Ahí aparece la parte más delicada del fenómeno: estas estructuras no solo capturan dinero, también sustituyen funciones. Un panfleto que exige pago, fija horarios o amenaza con castigos está ocupando el lugar simbólico de una autoridad fiscal y de una autoridad de seguridad al mismo tiempo. El relato de 2022 sobre comerciantes de Barranquilla muestra que el mensaje no pedía únicamente dinero: prohibía acudir a la Policía, ordenaba obedecer y definía quién vivía bajo permiso. En 2026, El Tiempo fue más lejos al describir cobros “disfrazados de seguridad”, es decir, una simulación de servicio privado de protección que en realidad funciona como extorsión. Las capturas de enero de 2026 en Barranquilla también apuntan en esa dirección: la Policía y el GAULA incautaron panfletos extorsivos, dinero producto de la extorsión y señalaron a uno de los capturados como responsable de entregar panfletos y coordinar cobros a comerciantes de barrios como Trupillos y Las Nieves. La respuesta estatal existe, pero llega sobre todo por la vía operativa: detenciones, allanamientos y decomisos. (Caracol Radio)
La Defensoría del Pueblo, sin embargo, advierte que el problema va más allá de una banda o una captura puntual. Su alerta 022-23 para Barranquilla, Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Soledad describe una disputa que involucra grupos posdesmovilización como las AGC, organizaciones locales y regionales como Los Costeños, Los Pepes y Clan Sombra, además de estructuras transnacionales como el Tren de Aragua y carteles extranjeros. Esa radiografía importa porque muestra que el control criminal en el Atlántico es un ecosistema, no una sola sigla. La policía puede golpear nodos específicos —como lo hizo al reportar 21 operaciones contra extorsión en 2025, nueve de ellas contra GDO como Costeños y Pepes—, pero la alerta institucional sigue abierta porque las rentas, los relevos y las alianzas cambian más rápido que la capacidad del Estado para estabilizar el territorio. (alertastempranas.defensoria.gov.co)

En ese contexto, el panfleto cumple una función comunicacional precisa. No solo informa quién manda; produce obediencia, miedo y silencio. El lenguaje de “objetivo militar”, las listas de nombres, las acusaciones de colaboración y los avisos dirigidos a comerciantes no buscan persuadir: buscan disciplinar. En la práctica, el mensaje avisa que hay zonas, horarios y cuerpos que ya no pertenecen del todo a la esfera pública sino a una jurisdicción informal armada. La repetición de estos documentos en Barranquilla desde al menos 2021, junto con capturas recientes en las que las autoridades han incautado varios panfletos extorsivos, muestra que no se trata de una pieza aislada sino de un repertorio de control. Lo que se intimida no es solo al individuo nombrado; también se intimida al barrio entero, al cliente que deja de ir, al tendero que baja la reja y al periodista o vecino que aprende a callar. (Caracol Radio)
Por eso este fenómeno no debería leerse solo como inseguridad ciudadana, sino como una disputa por la autoridad misma. El crimen organizado no está únicamente cobrando dinero: está construyendo un sistema paralelo de reglas, sanciones y lealtades sobre una base económica frágil, en una ciudad donde la informalidad y la microempresa ofrecen terreno fértil para la captura. La pregunta, entonces, no es solo quién reparte los panfletos o quién los firma. La pregunta de fondo es
¿quién se beneficia de que la extorsión se vuelva rutina, quién gana cuando la ciudad aprende a negociar con el miedo y qué actores económicos, políticos o institucionales terminan sosteniendo esa normalidad rota?.
Opinión
Señal Colombia: “La televisión de la Patria Milagro”
Durante 4 años, el periodo de gobierno de Gustavo Petro en Colombia, el Sistema de Medios Públicos: Señal Colombia y la Radio Nacional de Colombia, dedicó sus espacios de programación a programas de corte izquierdista sin tener en cuenta los conceptos de otros sectores de la poblacion; excluyeron a productores librepensadores de centro y derecha; inclusive tomaron proyectos ajenos y los hicieron como suyos a su propia conveniencia.
Bajo el mandato del presidente Abelardo de la Espriella, la televisión pública de Colombia debe dejar atrás la polarización ideológica para abrir paso a un modelo pluralista y verdaderamente incluyente.
La propuesta para renombrar a la entidad como Señal Colombia: «La Televisión de la Patria Milagro» busca consolidar un espacio cultural y informativo donde todas las corrientes de pensamiento —centro, derecha, izquierda y librepensadores— participen en pie de igualdad, garantizando la equidad democrática y el respeto por la pluralidad nacional.
En una propuesta de Democratización en un proceso de renombramiento oficial, se propone adoptar el nombre Señal Colombia: «La Televisión de la Patria Milagro» para simbolizar el renacimiento institucional y la unidad de la nación bajo principios de libertad.
Este pensamiento de pluralismo garantizado debe establecer por estatuto una programación equilibrada que incluya la voz y el criterio de sectores de centro, derecha y demócratas tradicionalmente excluidos.
Desde convocatorias abiertas y transparentes, dar aperturas a licitaciones y espacios a productores independientes y librepensadores de todo el espectro político nacional sin vetos ideológicos.
Debe haber, sin menoscabo de la
Libre Expresión auditoría de contenidos desde la producción, la participación de veedurías ciudadanas independientes que vigilen el uso neutral y objetivo de los recursos y pantallas públicas del Estado.
Respeto a la propiedad intelectual: Establecer normas estrictas para prohibir la apropiación indebida de proyectos ajenos y reconocer la autoría de creadores externos.Formación y valores:
Fomentar contenidos educativos orientados al mérito, el emprendimiento, la familia y la defensa de la institucionalidad colombiana.
Como fin primordial, despolitizar la línea editorial para transformar el canal en un foro plural que refleje la diversidad real de la sociedad colombiana.
Proyectar los valores, la reconstrucción de los valores, como la cultura, la música nacional, la historia y las narrativas de una verdadera Patria Milagro.
TEMA/
SEÑAL COLOMBIA
LA TELEVISIÓN DE LA PATRIA MILAGRO
OPINIÓN
ESCRIBE: CARLOS ROJAS
PRODUCTOR DE TELEVISIÓN
EDITOR PRENSA CARIBE PUNTO COM
BARRANQUILLA
contacto@prensacaribe.comASOCIACIÓN COLOMBIANA DE PERIODISTAS
Opinión
La perfidia del mesías: cómo Petro enterró la izquierda que prometió construir
La perfidia de Gustavo Petro: prometió enterrar la corrupción y terminó sepultando a la izquierda colombiana. 59 ministros, 24 escándalos, 2 exministros capturados, el hijo imputado y un país con peor percepción de corrupción. El denunciante se convirtió en el denunciado.
Gustavo Petro llegó al poder en 2022 como el primer presidente de izquierda en la historia reciente de Colombia. No llegó como un advenedizo: durante dos décadas había hecho carrera señalando con el dedo la corrupción ajena, destapando escándalos como la parapolítica y el carrusel de la contratación en Bogotá. Ese historial de denunciante lo convirtió en el líder que finalmente rompió el cerco de la derecha.
Cuatro años después, el balance es desolador. No para el país solamente—para el movimiento que lo llevó al poder.
El primer gobierno de izquierda en Colombia no será recordado por sus reformas estructurales ni por la «potencia mundial de la vida» que prometió. Será recordado como el gobierno que demostró que la izquierda, cuando llega al poder, puede ser tan corrupta, tan improvisada y tan decepcionante como cualquier otro. Y esa lección, en un país de tradición conservadora, puede tardar décadas en ser olvidada.
El predicador de la transparencia, sepultado por sus propios escándalos
La promesa de campaña más grave que Petro incumplió fue precisamente la que lo había distinguido del resto: tener un gobierno sin corrupción. No es una opinión; es un dato. El Índice de Percepción de la Corrupción de 2025, publicado por Transparencia Internacional, otorgó a Colombia 37 puntos sobre 100, una caída de siete posiciones en el ranking global en un solo año. El país pasó de su mejor puntaje en una década (40 puntos en 2023) a una tendencia descendente sostenida. El cierre del gobierno de Petro dejó un «balance desfavorable en materia de percepción de la corrupción».
No es difícil entender por qué. El escándalo de la UNGRD, con 46.800 millones de pesos desviados para la compra de camiones cisterna y sobornos a congresistas, salpicó a dos exministros—Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco—que terminaron capturados. El caso Nicolás Petro, el hijo del presidente, imputado por lavado de activos y enriquecimiento ilícito, puso la podredumbre dentro de la propia casa presidencial. El escándalo de Juliana Guerrero, la joven de 23 años sin título universitario que Petro presentó en consejo de ministros como futura viceministra y que luego fue señalada de cobrar comisiones por contratos, mostró hasta qué punto el criterio para nombrar funcionarios era la lealtad, no la idoneidad.
El Colombiano documentó al menos 24 escándalos durante el gobierno. Infobae reportó que en una sola semana de noviembre de 2025 Petro enfrentó «corrupción, infiltración y sanciones» que sacudieron su gobierno. Y a días de entregar el poder, la gerente del Fondo de Adaptación, Angie Rodríguez, denunció que Petro la presionó a renunciar tras frenar una maniobra para desviar más de 1,2 billones de pesos.
El hombre que hizo carrera apuntando el dedo contra la corrupción ajena termina su mandato viendo cómo su propio gobierno queda «salpicado por una serie de escándalos que afectan a algunas de las personas más cercanas a él, y que no dan tregua ni siquiera en esta recta final». La perfidia no está solo en los actos de sus funcionarios. Está en la distancia abismal entre el predicador de la transparencia y el presidente que permitió que su entorno convirtiera el Estado en una oficina de contratos a dedo.
Las reformas que no llegaron y la izquierda que se fragmentó
Petro prometió desmontar el neoliberalismo. Prometió una reforma agraria profunda. Prometió la paz total. Prometió transformar el país de raíz.
El balance, presentado por El País a días de finalizar su mandato, es despiadado: aunque logró cumplir al menos tres de sus principales promesas—la reducción de la pobreza al 28%, el nivel más bajo en la historia, y el aumento del salario mínimo—»otras quedaron a medio camino y algunas fueron un fracaso definitivo». La reforma agraria no se cumplió como prometió en campaña. La paz total fue calificada incluso por Roy Barreras, uno de los suyos, como un fracaso: «El método con el que se hizo la buena idea de la paz total fracasó».
Pero el daño más profundo no está en las reformas incumplidas. Está en lo que Petro le hizo a la izquierda colombiana como proyecto político.
Durante décadas, la izquierda en Colombia fue sinónimo de oposición, de denuncia, de la lucha contra un establishment excluyente. Petro encarnaba esa lucha. Pero gobernar no es lo mismo que denunciar. Y Petro gobernó con la misma lógica del denunciante: señalando a todos, confiando en pocos, quemando aliados a una velocidad que dejó al gobierno con un «círculo de confianza reducido y en tensión». En sus últimos meses, Petro parecía «cada vez más solo en su apuesta de realizar los cambios que prometió en 2022».
Esa soledad no fue casualidad. Fue el resultado de un estilo de gobierno que priorizó la lealtad personal sobre la capacidad, la confrontación sobre la construcción de acuerdos y el discurso sobre la gestión. Los ministros pasaron como agua: 59 en tres años, muchos de ellos saliendo por escándalos o por diferencias irreconciliables con un presidente que, según sus propios colaboradores, los acusaba de «tener una doble agenda, incumplir gran parte de sus promesas y fallar al pueblo».
El legado: una izquierda desprestigiada para una generación
El 7 de agosto de 2026, Abelardo de la Espriella, un candidato de ultraderecha, asumió la presidencia. La izquierda perdió las elecciones presidenciales, aunque por poco: Iván Cepeda sumó más de 12,7 millones de votos. Pero perder no es el problema. El problema es cómo se perdió.
Petro no fue derrotado por la derecha. Fue derrotado por sus propios escándalos, por su incapacidad para gobernar y por la percepción—fundamentada en hechos—de que su gobierno fue sinónimo de improvisación, corrupción y desgaste. La izquierda que él representaba no quedó fortalecida por haber gobernado; quedó debilitada, estigmatizada, asociada en la mente de millones de colombianos no con el cambio que prometió, sino con el caos que dejó.
Hay quienes dirán que el balance no es tan sombrío: la pobreza disminuyó, el desempleo cayó, el salario mínimo subió. Y es cierto. Pero esos logros, que podrían haber sido la base de un proyecto de izquierda durable, quedaron enterrados bajo el peso de los escándalos. La percepción de corrupción no miente: Colombia cayó en el ranking global. La confianza institucional se erosionó. Y el movimiento que llevó a Petro al poder—el Pacto Histórico—terminó fragmentado, debilitado por el Consejo Nacional Electoral y en vías de desintegración.
La perfidia de Gustavo Petro no es solo la de un presidente que prometió transparencia y entregó escándalos. Es la de un líder que tuvo en sus manos la oportunidad histórica de construir una izquierda gobernante en Colombia y la desperdició. No por mala fe, quizás, sino por soberbia, por inexperiencia, por la arrogancia de creer que denunciar era lo mismo que gobernar.
Y esa perfidia, la de haber convertido la primera presidencia de izquierda en un ejemplo de lo que no debe hacerse, es la que condenará al movimiento progresista colombiano a años de desconfianza y derrota. La izquierda que Petro prometió construir queda hoy, como el Ministerio de la Igualdad que él mismo creó y vio liquidar, como un «estrepitoso naufragio». Una ilusión que se desvaneció entre promesas incumplidas, ministros capturados y un país que, al final, prefirió la derecha antes que seguir creyendo en el profeta que se convirtió en su propio anti-testimonio.
Opinión
¿Está Colombia realmente preparada para evitar una crisis energética? Las preguntas que siguen sin respuesta
Mientras el Gobierno Nacional destaca los primeros resultados del programa Colombia Solar en Barranquilla, donde hogares beneficiarios registran reducciones significativas en sus facturas de energía, el país se prepara para afrontar uno de los mayores desafíos para el sistema eléctrico en los últimos años: la llegada de un fenómeno de El Niño que el propio Ideam proyecta con una alta probabilidad de convertirse en uno de los más intensos desde 1950.
A partir del 30 de julio comenzará el mantenimiento programado de la planta regasificadora SPEC, infraestructura estratégica para el suministro de gas que alimenta parte importante de la generación térmica del país. Ante este escenario, el Ministerio de Minas y Energía ha expedido resoluciones, creado un comité especial y asegura haber estructurado más de 50 acciones para proteger la seguridad energética nacional.
Sin embargo, más allá de los anuncios institucionales, surge una pregunta que hoy millones de colombianos tienen derecho a conocer:
¿Existe un plan de contingencia claro, público y comprensible para enfrentar un eventual escenario crítico?
Hasta el momento, el Gobierno ha explicado las medidas regulatorias y de coordinación que adelanta, pero no ha presentado un documento público que detalle cómo actuaría el país si coinciden bajos niveles de embalses, dificultades en el suministro de gas y un incremento de la demanda eléctrica.
Ministerio de Minas y Energía
Incluso, en las últimas horas el ministro de Minas, Edwin Palma, planteó la posibilidad de implementar temporalmente teletrabajo y estudio en casa como mecanismo para reducir el consumo de energía durante los días más sensibles del mantenimiento de SPEC. La propuesta evidencia que el Gobierno está tomando precauciones extraordinarias frente a un escenario que considera delicado.
Al mismo tiempo, el Ideam advirtió que existe una probabilidad superior al 97 % de que las condiciones de El Niño persistan hasta 2027 y un 81 % de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de este año.
En este contexto, el debate nacional no debería centrarse únicamente en si habrá o no un apagón. La verdadera discusión es si el país conoce con suficiente transparencia cómo responderá el Estado ante un escenario adverso.
Preguntas que esperan respuesta
Desde El Popular consideramos que estas son algunas de las preguntas que el Ministerio de Minas y Energía debería responder públicamente:
- ¿Puede garantizar el Gobierno que no habrá racionamientos de energía durante el fenómeno de El Niño?
- ¿Dónde puede consultar la ciudadanía el plan nacional de contingencia?
- ¿Qué protocolos existen para hospitales, acueductos, industrias y servicios esenciales si se presenta una reducción en la oferta energética?
- ¿Qué ocurrirá entre el 30 de julio y el 3 de agosto si durante el mantenimiento de SPEC se presenta una contingencia adicional?
- ¿Cuál será el aporte real de programas como Colombia Solar a la estabilidad del sistema eléctrico nacional en el corto plazo?
- ¿Qué indicadores determinarán si el riesgo aumenta?
- ¿Qué enseñanzas dejó la crisis energética del Caribe y cómo se están aplicando para evitar nuevos episodios de inestabilidad?
Estas preguntas no buscan generar alarma, sino fortalecer la confianza ciudadana mediante información clara y verificable.
La transición energética no solo se mide por la instalación de paneles solares o por la reducción de las facturas de algunos hogares. Su mayor prueba será demostrar que Colombia puede enfrentar un fenómeno climático extremo garantizando un servicio continuo, confiable y transparente para todos los ciudadanos.
Porque la seguridad energética no se construye únicamente con anuncios; también se fortalece con información oportuna, planificación pública y rendición de cuentas. Ese es el debate que hoy merece el país.
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