Opinión
¿Está Colombia realmente preparada para evitar una crisis energética? Las preguntas que siguen sin respuesta
Mientras el Gobierno Nacional destaca los primeros resultados del programa Colombia Solar en Barranquilla, donde hogares beneficiarios registran reducciones significativas en sus facturas de energía, el país se prepara para afrontar uno de los mayores desafíos para el sistema eléctrico en los últimos años: la llegada de un fenómeno de El Niño que el propio Ideam proyecta con una alta probabilidad de convertirse en uno de los más intensos desde 1950.
A partir del 30 de julio comenzará el mantenimiento programado de la planta regasificadora SPEC, infraestructura estratégica para el suministro de gas que alimenta parte importante de la generación térmica del país. Ante este escenario, el Ministerio de Minas y Energía ha expedido resoluciones, creado un comité especial y asegura haber estructurado más de 50 acciones para proteger la seguridad energética nacional.
Sin embargo, más allá de los anuncios institucionales, surge una pregunta que hoy millones de colombianos tienen derecho a conocer:
¿Existe un plan de contingencia claro, público y comprensible para enfrentar un eventual escenario crítico?
Hasta el momento, el Gobierno ha explicado las medidas regulatorias y de coordinación que adelanta, pero no ha presentado un documento público que detalle cómo actuaría el país si coinciden bajos niveles de embalses, dificultades en el suministro de gas y un incremento de la demanda eléctrica.
Ministerio de Minas y Energía
Incluso, en las últimas horas el ministro de Minas, Edwin Palma, planteó la posibilidad de implementar temporalmente teletrabajo y estudio en casa como mecanismo para reducir el consumo de energía durante los días más sensibles del mantenimiento de SPEC. La propuesta evidencia que el Gobierno está tomando precauciones extraordinarias frente a un escenario que considera delicado.
Al mismo tiempo, el Ideam advirtió que existe una probabilidad superior al 97 % de que las condiciones de El Niño persistan hasta 2027 y un 81 % de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de este año.
En este contexto, el debate nacional no debería centrarse únicamente en si habrá o no un apagón. La verdadera discusión es si el país conoce con suficiente transparencia cómo responderá el Estado ante un escenario adverso.
Preguntas que esperan respuesta
Desde El Popular consideramos que estas son algunas de las preguntas que el Ministerio de Minas y Energía debería responder públicamente:
- ¿Puede garantizar el Gobierno que no habrá racionamientos de energía durante el fenómeno de El Niño?
- ¿Dónde puede consultar la ciudadanía el plan nacional de contingencia?
- ¿Qué protocolos existen para hospitales, acueductos, industrias y servicios esenciales si se presenta una reducción en la oferta energética?
- ¿Qué ocurrirá entre el 30 de julio y el 3 de agosto si durante el mantenimiento de SPEC se presenta una contingencia adicional?
- ¿Cuál será el aporte real de programas como Colombia Solar a la estabilidad del sistema eléctrico nacional en el corto plazo?
- ¿Qué indicadores determinarán si el riesgo aumenta?
- ¿Qué enseñanzas dejó la crisis energética del Caribe y cómo se están aplicando para evitar nuevos episodios de inestabilidad?
Estas preguntas no buscan generar alarma, sino fortalecer la confianza ciudadana mediante información clara y verificable.
La transición energética no solo se mide por la instalación de paneles solares o por la reducción de las facturas de algunos hogares. Su mayor prueba será demostrar que Colombia puede enfrentar un fenómeno climático extremo garantizando un servicio continuo, confiable y transparente para todos los ciudadanos.
Porque la seguridad energética no se construye únicamente con anuncios; también se fortalece con información oportuna, planificación pública y rendición de cuentas. Ese es el debate que hoy merece el país.
Barranquilla
Char cierra el capítulo con el Gobierno Petro: «Barranquilla aprendió a nadar sola»
«Barranquilla aprendió a nadar sola». Con esa frase, Alejandro Char resumió la relación de la ciudad con el Gobierno Nacional durante los últimos cuatro años. El artículo analiza sus declaraciones y contrasta hechos como la pérdida de los Juegos Panamericanos, las diferencias en seguridad y el debate sobre la transición energética, donde Barranquilla sostiene que fue pionera mucho antes de convertirse en una bandera del Gobierno Petro.
El alcalde Alejandro Char aseguró que espera «pasar esa página rápido» al referirse a la relación que sostuvo Barranquilla con el Gobierno Nacional durante los últimos cuatro años. En un balance de gestión, afirmó que la ciudad enfrentó múltiples retos con un respaldo insuficiente del nivel central y que debió sacar adelante proyectos estratégicos con recursos propios y alianzas con el sector privado.
«Barranquilla aprendió a nadar sola», manifestó el mandatario, una frase que resume el balance que hace sobre la relación entre la administración distrital y el gobierno del presidente Gustavo Petro. Sus declaraciones se suman a otras críticas expresadas durante este año, en las que ha señalado que la ciudad ha tenido que asumir por sí sola inversiones en seguridad, infraestructura y desarrollo.
Los Juegos Panamericanos, el principal símbolo de la ruptura
El episodio que marcó con mayor fuerza la relación entre Barranquilla y el Gobierno Nacional fue la pérdida de la sede de los Juegos Panamericanos 2027.
La Organización Panam Sports retiró la sede a Barranquilla luego de que el Gobierno Nacional incumpliera el pago de USD 4 millones que debía realizar el Ministerio del Deporte antes del 30 de diciembre de 2023. Posteriormente se conocieron documentos que indicaban que los recursos estaban disponibles, pero el giro no se efectuó dentro del plazo contractual.
Tras la pérdida de la sede, el presidente Petro convocó reuniones con el alcalde Alejandro Char, el gobernador Eduardo Verano y el Comité Olímpico Colombiano para intentar recuperar el evento. Incluso se anunció una hoja de ruta y nuevos compromisos financieros; sin embargo, los esfuerzos no lograron revertir la decisión de Panam Sports.
Seguridad: otra de las principales diferencias
En los últimos meses, Char también ha cuestionado la política de seguridad del Gobierno Nacional.
El alcalde ha sostenido que Barranquilla ha tenido que financiar gran parte del fortalecimiento de la Policía con recursos propios, incluyendo tecnología, infraestructura, cámaras, vehículos y estaciones policiales.
«Estamos solos en la seguridad», afirmó en abril, señalando que el Distrito, los contribuyentes y la Policía han soportado la mayor carga frente al crecimiento de fenómenos como la extorsión y el crimen organizado.
Y ni hablar de la transición energética…
Otro de los puntos que ha generado debate es la narrativa sobre la transición energética. Aunque el Gobierno del presidente Gustavo Petro convirtió este tema en una de las principales banderas de su administración, en Barranquilla existe la percepción de que la ciudad ya había trazado ese camino años atrás.
Proyectos como el complejo solar de Las Gardenias, las apuestas distritales por la movilidad sostenible, la eficiencia energética y la promoción de energías renovables fueron impulsados por las administraciones locales antes del actual Gobierno Nacional. En ese contexto, la administración de Alejandro Char sostiene que Barranquilla no solo acompañó la transición energética, sino que fue pionera en convertirla en una política pública de desarrollo urbano, razón por la cual considera que el Gobierno Petro terminó apropiándose de una narrativa que la ciudad venía construyendo desde años anteriores. Este ha sido un tema ampliamente documentado por El Popular en diversos informes sobre la evolución de la transición energética en el Caribe colombiano.
Puedes leer https://elpopular.online/barranquilla-pionera-silenciosa-mucho-antes-de-colombia-solar-la-ciudad-ya-encendia-la-luz-de-la-transicion-energetica/
Un contraste de visiones
Mientras la administración distrital sostiene que el Gobierno Nacional dejó de acompañar proyectos estratégicos para Barranquilla, el presidente Gustavo Petro ha defendido que durante su mandato aumentaron las transferencias nacionales en áreas como educación y ha cuestionado la administración de esos recursos por parte de las autoridades locales.
De esta manera, el debate no solo gira alrededor de la cantidad de recursos invertidos, sino también sobre la responsabilidad de cada nivel de gobierno en la ejecución de políticas públicas y grandes proyectos para la ciudad.
Pasar la página rápido y punto.
Con sus recientes declaraciones, Alejandro Char deja claro que espera que la nueva etapa política del país al mando de Abelardo De La Espriella permita recomponer la relación entre Barranquilla y la Nación.
«Quisiera pasar esa página rápido», expresó el alcalde, insistiendo en que, pese a las dificultades, la ciudad mantuvo el rumbo gracias a la gestión local, el respaldo del sector privado y la capacidad institucional del Distrito.
Opinión
Barranquilla, 213 años: El amargo regalo de la extorsión en el aniversario de Barranquilla (I)
En Barranquilla, el crimen ya no solo amenaza: organiza, cobra y gobierna. Panfletos, extorsión y control territorial revelan una estructura que opera como empresa paralela al Estado. Mientras comerciantes pagan por “existir”, la ciudad enfrenta una economía del miedo que redefine quién manda en las calles.
La hoja llegó como llegan muchas amenazas en la ciudad: impresa, anónima, con nombres propios, cargos internos y una lista de personas convertidas en blanco. Pero el detalle más inquietante no es solo el tono, sino la lógica que revela. El panfleto no improvisa; organiza, clasifica y ordena. En Barranquilla y su área metropolitana, ese lenguaje coincide con un escenario que la Defensoría del Pueblo mantiene bajo alerta estructural para Barranquilla, Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Soledad, por la presencia y accionar de grupos como las AGC, Los Costeños, Los Pepes y otras redes criminales. A la vez, la Policía Metropolitana reportó 892 denuncias de extorsión en Barranquilla en 2025 y 430 capturas del GAULA vinculadas a ese delito, una cifra que muestra que el problema no es episódico sino persistente. (alertastempranas.defensoria.gov.co)

El panfleto como arma: terror y control comunicacional
La mejor manera de entender ese panfleto es dejar de leerlo como simple amenaza y leerlo como un documento de administración territorial. En los papeles filtrados de la Fiscalía que revisó Vorágine, Los Costeños no aparecen como una pandilla desordenada, sino como una estructura con operadores, jefes, reparto de ingresos y funciones especializadas: en 2021, según esos informes, recogían cerca de 50 millones de pesos semanales por extorsiones en barrios como Barlovento y Barrio Abajo, además del mercado de Barranquilla y Soledad; de ese dinero, 20 millones iban para Digno Palomino y el resto para la organización. El mismo material describe su paso de “operadores locales” del Clan del Golfo a una estructura autónoma con capacidad de exportar cocaína y mantener una nómina criminal: un joven de 21 años relató que le daban el arma, la moto y un sueldo de 450 mil pesos mensuales. Esa mezcla de jerarquía, salario, caja y control territorial es la gramática básica de una empresa, solo que armada y clandestina. (Voragine)
El panfleto es más que un mensaje: es una herramienta de poder.
Su lenguaje suele incluir:
- Listas de nombres
- Señalamientos directos
- Declaraciones de “objetivo militar”
- Advertencias colectivas
Según análisis de la Fundación Paz y Reconciliación PARES, estos mecanismos cumplen varias funciones:
📌 1. Control interno
Definen jerarquías y roles dentro de la organización.
📌 2. Control externo
Intimidan a la población y disuaden comportamientos.
📌 3. Posicionamiento territorial
Marcan presencia y autoridad.
📌 4. Guerra psicológica
Generan miedo sin necesidad de acción inmediata.
El impacto es profundo.
Estudios sobre violencia en contextos urbanos, incluyendo análisis del DANE, han mostrado cómo la percepción de inseguridad puede ser tan determinante como la violencia real en la vida cotidiana.
En comunidades donde circulan estos panfletos:
- Se reducen actividades nocturnas
- Comerciantes cambian rutinas
- Jóvenes limitan movilidad
- Se instala el silencio
El miedo se convierte en norma, y en ese silencio, el control se consolida.
Economías capturadas: la infiltración silenciosa

Esa lógica empresarial no solo se ve hacia adentro; también se proyecta sobre la economía cotidiana. El comercio popular es uno de los primeros blancos. Ya en 2021, Caracol reportó un panfleto que circulaba por el centro y el mercado de Barranquilla, dirigido contra pequeños comerciantes y capaz de paralizar negocios por miedo a represalias contra propietarios, trabajadores y clientes. En 2022, la emisora volvió a documentar panfletos en más de ocho barrios de Barranquilla y su área metropolitana, con una amenaza explícita que imponía una ventana de dos horas para responder y declaraba “objetivo militar” a quienes no accedieran. En 2026, El Tiempo informó sobre una red de extorsión en Barranquilla, Soledad, Malambo y municipios aledaños que operaba con cobros disfrazados de “seguridad”, videollamadas, panfletos y amenazas, y que podía mover entre 200 y 250 millones de pesos mensuales. El patrón es claro: donde el negocio legal es frágil, la renta criminal se presenta como impuesto, vigilancia o permiso para existir. (Caracol Radio)
El terreno donde eso ocurre no es marginal en términos económicos. DANE registró que en el trimestre abril-junio de 2025 la informalidad en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 41,7 por ciento, y ese grupo incluye a Barranquilla A.M. y a Soledad; además, en marzo-mayo de 2024 el 84,8 por ciento de quienes trabajaban en microempresas en Colombia era informal. Esa combinación importa porque la extorsión se incrusta con más facilidad donde predominan unidades pequeñas, comercio de baja capitalización y empleos sin colchón financiero. En otras palabras: cuando el negocio es pequeño, la amenaza pesa más. No hace falta una gran infraestructura para controlar una cuadra, un local o una ruta de cobro; basta con imponer el costo de seguir abierto. (dane.gov.co)
Cuando el Estado se ausenta, el control criminal se vuelve efectivo
Ahí aparece la parte más delicada del fenómeno: estas estructuras no solo capturan dinero, también sustituyen funciones. Un panfleto que exige pago, fija horarios o amenaza con castigos está ocupando el lugar simbólico de una autoridad fiscal y de una autoridad de seguridad al mismo tiempo. El relato de 2022 sobre comerciantes de Barranquilla muestra que el mensaje no pedía únicamente dinero: prohibía acudir a la Policía, ordenaba obedecer y definía quién vivía bajo permiso. En 2026, El Tiempo fue más lejos al describir cobros “disfrazados de seguridad”, es decir, una simulación de servicio privado de protección que en realidad funciona como extorsión. Las capturas de enero de 2026 en Barranquilla también apuntan en esa dirección: la Policía y el GAULA incautaron panfletos extorsivos, dinero producto de la extorsión y señalaron a uno de los capturados como responsable de entregar panfletos y coordinar cobros a comerciantes de barrios como Trupillos y Las Nieves. La respuesta estatal existe, pero llega sobre todo por la vía operativa: detenciones, allanamientos y decomisos. (Caracol Radio)
La Defensoría del Pueblo, sin embargo, advierte que el problema va más allá de una banda o una captura puntual. Su alerta 022-23 para Barranquilla, Galapa, Malambo, Puerto Colombia y Soledad describe una disputa que involucra grupos posdesmovilización como las AGC, organizaciones locales y regionales como Los Costeños, Los Pepes y Clan Sombra, además de estructuras transnacionales como el Tren de Aragua y carteles extranjeros. Esa radiografía importa porque muestra que el control criminal en el Atlántico es un ecosistema, no una sola sigla. La policía puede golpear nodos específicos —como lo hizo al reportar 21 operaciones contra extorsión en 2025, nueve de ellas contra GDO como Costeños y Pepes—, pero la alerta institucional sigue abierta porque las rentas, los relevos y las alianzas cambian más rápido que la capacidad del Estado para estabilizar el territorio. (alertastempranas.defensoria.gov.co)

En ese contexto, el panfleto cumple una función comunicacional precisa. No solo informa quién manda; produce obediencia, miedo y silencio. El lenguaje de “objetivo militar”, las listas de nombres, las acusaciones de colaboración y los avisos dirigidos a comerciantes no buscan persuadir: buscan disciplinar. En la práctica, el mensaje avisa que hay zonas, horarios y cuerpos que ya no pertenecen del todo a la esfera pública sino a una jurisdicción informal armada. La repetición de estos documentos en Barranquilla desde al menos 2021, junto con capturas recientes en las que las autoridades han incautado varios panfletos extorsivos, muestra que no se trata de una pieza aislada sino de un repertorio de control. Lo que se intimida no es solo al individuo nombrado; también se intimida al barrio entero, al cliente que deja de ir, al tendero que baja la reja y al periodista o vecino que aprende a callar. (Caracol Radio)
Por eso este fenómeno no debería leerse solo como inseguridad ciudadana, sino como una disputa por la autoridad misma. El crimen organizado no está únicamente cobrando dinero: está construyendo un sistema paralelo de reglas, sanciones y lealtades sobre una base económica frágil, en una ciudad donde la informalidad y la microempresa ofrecen terreno fértil para la captura. La pregunta, entonces, no es solo quién reparte los panfletos o quién los firma. La pregunta de fondo es
¿quién se beneficia de que la extorsión se vuelva rutina, quién gana cuando la ciudad aprende a negociar con el miedo y qué actores económicos, políticos o institucionales terminan sosteniendo esa normalidad rota?.
Cocina Popular
«El querer es poder»: La sazón y el coraje de Don Roque Pico Jiménez un referente de la Economía Popular
En el corazón del sector de Los Almendros, en Soledad, un nombre resuena con fuerza cuando se habla de tenacidad y buena mesa: Roque Pico Jiménez. Con más de 22 años de experiencia en la labor del restaurante y una década al frente de su propio punto, «El Carbón de los Almendros», Don Roque se ha consolidado como un referente de la economía popular que no se detiene ante las adversidades.
En el dinámico sector de Los Almendros, en Soledad, el aroma de la parrilla y el sonido del carbón encendido tienen un nombre propio: Roque Pico Jiménez. Este hombre, que ha dedicado entre 22 y 25 años de su vida al arte de la cocina, se ha convertido en un referente de la economía popular gracias a su negocio, «El Carbón de los Almendros», un punto que ya suma más de una década de historia y sabor.
Una vida entre fogones y comunidad
La trayectoria de Don Roque no es producto del azar. Antes de establecerse en su ubicación actual, trabajó en el sector de Hipódromo, desde donde se trasladó para fundar lo que hoy es un pilar gastronómico para sus vecinos. Con una oferta diversa que va desde la parrilla y el pollo broster hasta platos tradicionales como el sancocho de guandul y el ajiaco santafereño, Don Roque ha logrado consolidar una clientela fiel que valora la experiencia y la calidad de su sazón.
Sin embargo, el éxito de su negocio no solo reside en el menú. Para este emprendedor, la base de todo es la relación con la comunidad. «Con todo el mundo nos llevamos muy bien, son buenos vecinos», afirma, destacando que el apoyo mutuo en temas como la seguridad es vital para el sostenimiento del comercio local.


El desafío de la pandemia: Innovar para sobrevivir
Uno de los capítulos más difíciles para el sector de la economía popular fue la crisis del COVID-19. Para Don Roque, ver el negocio cerrado durante 15 días fue «frustrante», especialmente por la responsabilidad que sentía hacia sus empleados, quienes dependían enteramente del restaurante.
«Todos dependíamos de unos a otros», recuerda Don Roque. Lejos de rendirse, el equipo se reorganizó para trabajar mediante domicilios. Fue en este periodo de crisis donde nació la innovación: para ayudar a las ventas, introdujo el pollo broster, una receta que hoy es uno de los sellos distintivos del lugar. El secreto para no quebrar, según explica, fue mantener la misma calidad de siempre y contar con el esmero de un equipo que funciona como una «piñonería» o un engranaje perfecto.
Un motor de empleo y esperanza
Actualmente, «El Carbón de los Almendros» sostiene a siete empleados, formando una estructura que Don Roque describe más como una familia que como una simple nómina. Su visión del emprendimiento popular es clara: se requiere fuerza de voluntad y no desistir ante la primera prueba, pues la vida siempre pondrá obstáculos en el camino.
A pesar de los retos actuales, como la inseguridad —que identifica como su mayor preocupación—, Don Roque hace un llamado al acompañamiento entre la comunidad y al fortalecimiento del pie de fuerza para proteger el sustento de las familias.
Un mensaje para los nuevos emprendedores
Como referente de la economía popular, Don Roque Pico Jiménez deja una lección de vida para los jóvenes y las madres cabeza de familia que desean iniciar su propio camino: «El querer es poder». Para él, el entusiasmo y la motivación son las herramientas necesarias para sacar adelante proyectos que, más allá de ser negocios, son el motor de subsistencia de toda una comunidad.
Don Roque sigue allí, frente a su parrilla, demostrando que con experiencia, ubicación y, sobre todo, corazón, el emprendimiento popular es la fuerza que mueve a Soledad.
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